PARA TODAS LAS MADRES… VIVAS Y MUERTA     

Con el recuerdo vivo de mamá, esposa dedicada y amorosa, madre abnegada de seis varones y una mujer, emprendedora que supo colaborar en el mantenimiento del hogar con sus tareas como fina y creativa modista, compartimos  con Uds. esta “Oración por la Madre” escrita por papá, Cordialmente, Chilecito 18/10/2026.

Guillermina Soprano Galea de Ocampo

RUTH,SETI Y QUECHO,  HIJA E HIJOS DEL POETA

Oración por la Madre

Por Alberto Gabriel Ocampo

Tú le has dado, Dios nuestro, el don supremo de la procreación. Ella es flor, fruto y semilla: flor de alegría y de angustia; fruto de sazón y desazones; semilla del género múltiple de la vida eterna en el Universo. Es el árbol cuyas ramas verdes y matizadas se prolongan en lo infinito hasta enredarse en un abrazo de oro con las estrellas.

  Marchitamos sus pétalos con nuestras travesuras y malandanzas; y si lo revivimos en el florero del hogar con el agua furtiva de nuestro llanto, no sabemos si logramos reconfortar su espíritu en su dolor, con nuestra sumisión o nuestra gloria.

Hacemos palidecer las pomas de sus mejillas y de su corazón con nuestros yerros y torpezas; y si nuestra vergüenza devuelve la sonrosada paz a sus vigilias, no sabemos si su alma maduró jugosamente al calor de nuestros arrepentimientos.

Le arrancamos todos los granos de sus ahorros, planes y virtudes con nuestras exigencias; y si nuestro reconocimiento procura reembolsarlos en el arca hogareña, no sabemos si su germinación la alegrará con las divinas plúmulas.

¡Oh, Dios nuestro, sólo sabemos que a pesar de nuestras travesuras y malandanzas, yerros, torpezas y exigencias, ella, madre inmensamente buena, íntimamente tuya y, por tu Gracia, dueña de tus dones, siempre nos allega el perdón desde el abrazo de oro que castamente la ciñes en las estrellas!

  ¡Oh, Dios nuestro, ante tu flor de alegría y de angustia, ante tu fruto de sazón y desazones, ante tu semilla del género múltiple de la vida eterna en el Universo, ante la madre, resplandece mi fe con estallidos de amor; rezo por ella, y es mi oración el terminante y dulce balido del cordero pascual de mi espíritu a tus pies, ¡por ella!, ¡por la madre!: árbol cuyas ramas verdes y matizadas, se prolongan en lo infinito hasta enredarse en un abrazo de oro con las estrellas!